CIRCE, el viaje al que nos invitan Juan Víctor Muñoz y Paulina Hunt

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CIRCE

El 17 de enero asistí al pre-estreno de CIRCE, espectáculo de teatro dirigido por Juan Víctor Muñoz y escrito y actuado en el rol principal por Paulina Hunt, y al terminar la función me acerqué a mi querida amiga y le dije que era su mejor trabajo. También le dije que era la mejor obra a la que asistía en mucho tiempo y también le dije que me acordé qué es lo que se supone que tiene que suceder cuando hacemos teatro.

CIRCE es una experiencia teatral sumamente propia a su arte sin embargo profundamente nueva. CIRCE es una obra de teatro excelentemente dirigida y actuada donde el trabajo duro de búsqueda, creación, prueba, y desarrollo de procesos se encarna en el escenario para el placer y la transformación de su público.

Juan Guillermo, esposo de Paulina, decía que CIRCE logró hacer de sus espectadores una comunidad y entregó algo tan raro de conseguir, una experiencia compartida. En ese momento pensé que estaba totalmente de acuerdo, sin embargo, es precisamente eso lo que debería hacer cada obra que llamamos teatro. Volver a su público uno, un todo común y unitario, un todo que se nutre con la mirada única de cada persona que se reconoce igual a la que tiene a su lado.

CIRCE relata el encuentro entre Ulises y la diosa del mismo nombre previo a su regreso definitivo a Ítaca. Ulises y Circe se enamoran locamente y ella naturalmente quiere que él abandone el sueño del regreso y se quede junto a ella, pero Ulises no es un hombre que por el simple deseo vaya a cambiar el rumbo de su viaje y emprende entonces en este aparente fin su verdadera ruta, la ruta del sentido por comprender quién es, de dónde viene y qué es lo que lo espera. Ulises entonces solo al aprehender cuál es su mástil puede regresar junto a Penélope.

La Odisea de donde Paulina rescata su texto y configura la dramaturgia del espectáculo no es una obra trágica, es una obra épica, un cantar, una largo boletín de noticias que debía pasar de pueblo en pueblo para recordar a las personas quiénes fueron los héroes fundadores de lo que ellos ahora conocían como cultura griega.

Sin embargo, CIRCE logra en su puesta en escena producir algo muy parecido a lo que creemos que era la Catharsis o lo que Paulina llama a momentos la transformación y reconciliación. Logra producir el pavor y el horror de ver a otro ser humano emprendiendo un viaje durísimo del que sospechamos que de ser nosotros mismos en esa aventura no podríamos sobrevivir y logra despertar la compasión de saber que ese otro es igual a mí y que sus grandes luchas y sufrimientos me pertenecen.

CIRCE es un espectáculo que posee la maravillosa sensación de saber que se sabe lo que se está haciendo. Paulina entra al escenario a conectarse con su público y a comunicarles que les contará una historia, que nos invita a realizar un viaje junto a ella donde nos revelaremos a nosotros mismos. El escenario posee una serie de elementos esculturales, dibujos en el piso, velas en el fondo, vasijas para llevar agua y simular el barco de Ulises y sus compañeros. Estos elementos que aún podrían lograr mayor teatralidad y juego en escena junto a la versatilidad y compromiso de Paulina nos llevan por un mundo emocionante donde encontramos a Ulises, su madre, Tiresias y Circe permanentemente provocando al protagonista con su propia historia en pos de encontrar y decidir su futuro.

Lo que más llamó mi atención fue la dirección de Juan Víctor, su línea manifiesta, su total compromiso de articular cada elemento en el espectáculo en función de un relato que transforme al público. La obra nos emocionó, nos lleno de lágrimas, de risa, de sorpresa, de erotismo y miedo. Nos llevó fuertemente de la mano sin soltarnos a preguntarnos cuál es nuestro mástil, cuáles son las sirenas que nos sacan de nuestro camino y a qué debemos amarrarnos con fuerza para poder transitar las tentaciones que fácilmente nos podrían alejar de nuestro verdadero destino.

La música que acompaña la obra con tambores y cantos a capella logra entregar esa emoción báltica, donde los impulsos a los que nos enfrentamos surgen de nuestras pasiones, de la tierra y que es ahí donde nacen los verdaderos conflictos, en la dificultad de comprender  y reconciliar realidades simultáneas y totales.

Paulina y Juan Víctor decidieron que la función del 17 de enero y las 3 funciones posteriores que dieron durante ese primer mes serían una “marcha blanca”, un pre-estreno, con todo, me costó entender por qué esa pequeña detención de no mirar el trabajo ya completo y abrazar libremente el gran aporte que hacen desde lo humano y lo teatral. Nada en esta obra me pareció “pre”, todo me pareció profesional, completo y claramente generoso. El ojo de Juan Víctor y la actuación de Paulina estaban puestos en el lugar en el que al menos yo disfruto mucho poner al teatro, la experiencia del público. La riqueza de la actuación, el diseño, la música, las luces y la dirección no estaban solo al servicio de contar esta mítica historia, sino que estaban al servicio de construir junto al público, el sentido del viaje de Ulises y el sentido del viaje personal de cada uno de los que asistimos esa noche.

Me pareció que esta obra debía verla mucha gente, directores de teatro, actores, público en general. Es una prueba del arduo trabajo y amor que requiere un espectáculo de teatro y es una experiencia iluminadora para todos justo en estos momentos donde es tan fácil sentirse sin rumbo y no comprender el sentido de nuestra propia historia.

Mis pequeñas críticas quizá simplemente surgen del exceso y la necesidad de moderación, ya que a momentos el viaje se vuelve sumamente intenso, el texto y su belleza revela en instantes una complejidad que fuerza al espectador a usar toda su energía en seguir la historia, sus múltiples personajes y lo aleja de la experiencia completa de ver y pertenecer al teatro, pero esto sucede muy poco. La energía de Paulina como actriz y como persona es inmensa y su energía nos toma con fuerza y nos impulsa a acompañarla en su viaje de transformación, quizás también habría que experimentar la energía del descanso, de soltar, del respiro siempre necesario cuando se está en ruta, tomar aire, soltar el cuerpo y volver a dar el siguiente paso.

CIRCE tiene la sensación de tarea cumplida, esta historia, estos personajes hace ya mucho tiempo que como sombra llenaban el mundo creativo de Paulina y todo su talento, el encuentro con un equipo igualmente talentoso y generoso se volcaron en esta obra y experiencia teatral.

Como amante y trabajadora del teatro mi alegría al ver este espectáculo no solo nació de reconocerme y vivir a través de esta obra la oportunidad de una vez más vislumbrar mi propio viaje, ver sus fantasmas y sirenas y comprender que es necesario amarrarse al mástil para salir a flote y llegar a puerto. Mi alegría también surgió de ver a otros amando el arte teatral y comprendiendo sus necesidades para conectarnos con esos otros que llamamos público. La comprensión de cada escena y momento dramático, las imágenes visuales y escénicas, la decisión manifiesta de llevar cada momento a su natural límite para transitar a un nuevo lugar en la estructura dramática es lo que llamo llevar al público con fuerza y decisión de la mano. Vamos al teatro a vernos, vamos al teatro a reconocernos y también vamos al teatro para vernos y reconocernos en medio de la belleza. CIRCE es una bella obra porque comprende su propósito y se construye como pequeña catedral desde ese propósito.

Para todos lo que queremos hacer o hacemos teatro ver esta obra es una gran experiencia porque es sumamente accesible entender de qué forma cada paso dado suma al proyecto total. El montaje entonces logra crear en escena esa misteriosa realidad propia de su historia y de la historia humana, el encuentro con dioses y fantasmas, la bajada al Hades, la entrega total a los placeres del cuerpo, el misterio de la decisión, el deseo de ver lo prohibido y escuchar lo silenciado y por sobre todo, la expectativa siempre incandescente de sobrevivir y vivir una vez transitado el viaje.

Ahora CIRCE como toda obra de arte es un proyecto vivo donde sus múltiples sutilezas se pueden seguir limando como piedra preciosa, ese trabajo se realiza junto al público, en cada función, en cada mirada. Lo que necesita CIRCE es salir a escena, llenar teatros, espacios públicos, sitios históricos, monumentos olvidados. CIRCE es una gran obra de teatro necesaria para todos, fundada en la simpleza, en la visión del que elegimos como director y en cada actor y músico que encarnan esa mirada con todo lo que tienen.

Finalmente, me pregunto para quién es CIRCE y pienso que para muchas personas, pero esas personas deben saber que pertenecen a una comunidad, a un lugar específico, a una historia. CIRCE justo ahora en tiempos tan convulsionados y llenos de apariencias y falsos rumores viene a recordarnos que nada vale si perdemos el sentido. Ulises tiene un sentido que se le revela en su encuentro con la diosa y cada uno de nosotros lleva dentro de sí el mismo secreto latente a descubrir.

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